Mis cositas

Herminio cogía tomates de su huerto

Herminio cogía tomates de su huerto. Un huerto del siglo primero. El huerto más viejo del mundo. Casi 2000 años de huerto. Un huerto que sabe más por huerto que por diablo. Herminio lleva 40 años recogiendo tomates de su huerto. Solo descansa los martes. A veces también descansa algún que otro jueves. Incluso puede que en domingo también. Realmente Herminio descansa cuando le da la gana, que para eso el huerto es suyo.

Un día llegó a su huerto Matthew Tomatoes, de la conocida empresa Tomate’s Corp. Una multinacional dedicada al negocio del tomate. Solo al tomate. Trabajaban el tomate frito, el tomate para desayunar y uno más que ahora mismo no me acuerdo. “Herminio, I’m aquí for buying your huerto. How te parece?”, preguntó Matthew. “Mira, Matthew, ¿eres Matthew, verdad? Pues así está escrito en tu frente con rotulador gordo”, Matthew asintió con ese aplomo y confianza en sí mismo que tienen los americanos. De mayor quiero ser americano. 

“Mi huerto es mío. No lo vendo. Es ilegal. No se puede vender a un hijo”, dijo Herminio. “Hahaha, so hilarious, Herminio”. “Hilarious tu padre”, replicó Herminio. “Oh, no no. Don’t me malinterpretes. Hilarious is funny, grasioso. Es a good thing” Matthew acarició levemente el pelito de Herminio. “Well, how much do you quieres por this huerto?”. Herminio, visiblemente contrariado contestó. “Vamos a ver. Que no lo puedo vender. ¡El huerto es mi hijo! ¡No se puede vender a un hijo! ¡Es moralmente reprobable!”. Mattthew intentó convencerlo, “I know, I know. This huerto is very importante para ti. But el precio que we are going to pagarte is very very alto”. Herminio, muy serio, le dijo “let me explain” (de pronto Herminio tiene el C1 de inglés), “THIS HUERTO IS MY FUCKIN SON!” “HOW YOUR HUERTO IS YOUR SON, MY DARLING?, IT’S IMPOSIBOL!”. Herminio ya fuera de sí, desquiciado por completo, gritó a viva voz, “¡¡ESTE HUERTO ES MI HIJO!! ¡¡LO ASESINÉ CUANDO ERA NIÑO Y LO ENTERRÉ AQUÍ!! ¡¡ESTE HUERTO ES MI HIJO!! ¡¡AYER LO CASTIGUÉ SIN VER LA TELE!!” .“¡AJÁ! ¡TENGO TU CONFESIÓN, MALDITO HIJOCIDA!”, celebró Matthew mientras le enseñaba una grabadora que tenía en el bolsillo de la camiseta (camisetas con bolsillos, cuidado ahí). Matthew se quitó las gafas y el bigote postizo. “¡¡Jose Carlos!!”, exclamó Herminio, “¡¡Jose Carlos, el agente del FBI!!”. Jose Carlos, apuntándole con una pistola americana, con ese aplomo y confianza en sí mismas que tienen las pistolas americanas, le dijo: “date preso, Herminio”. “Vale, Jose Carlos. Me has pillado. ¿Puedes venir mejor esta tarde a arrestarme? Tengo cosas que hacer ahora por la mañana”. “Enga” contestó Jose Carlos.

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